Mi cómoda mediocridad

Escribo estas líneas en mi escritorio, en el espacio que he configurado como mi lugar principal de escritura y tareas. Frente a mi tengo una vela aromática encendida cuya flama a ratos me hipnotiza, junto al teclado se encuentra una taza de café negro con aroma a maple que me acompaña en mis jornadas de trabajo. El ambiente es confortable, hay un relativo silencio alrededor que se interrumpe con los coches que pasan, observo con dirección al librero que está a mi derecha y la pila de libros está en una curaduría accidental en la que leo los nombres de los títulos que consulté en los últimos meses. Mi camino lector del 2024 fue muy diferente a otros años, aun así, me siento satisfecha de lo que leí: fue poco, pero fue un trabajo profundo y honesto. 

Las transiciones de año se caracterizan por marcar un ritmo frenético de análisis, de repasar el tiempo y los logros transcurridos en un año, la máquina de ego se luce en presunciones de los éxitos o bien en lamentos de las cosas que no se lograron. Entonces aparecen las listas de propósitos, la publicidad de los gurús que te invitan a ser la mejor versión de ti en el año que comienza, los retos financieros, retos saludables, retos lectores, retos de superación en los que no dudo hay buenas intenciones, pero que al final se convierten en una lista llena de tiranía autoinfligida.  

En lo personal, hace mucho que abandoné el deseo de obtener una "mejor versión" de mí. Hace mucho que en un ejercicio de honestidad revisé mis alcances y llegué a la conclusión que estoy en el lugar indicado, agradecida y conforme. Abandonar los deseos de superación es, a vista de todos, aceptar la mediocridad por elegir la zona de confort. ¿Tiene esto algo de malo? No lo sé. Lo que sí sé es que desde que elegí la zona de confort como base de operaciones mi vida se ha vuelto mucho más tranquila, sencilla y autocompasiva.  

Mi cómoda mediocridad es linda, confortable, discreta, sencilla y humilde. Mi cómoda mediocridad significa no tener un empleo mejor pagado, no tener un auto reciente (no hablemos de lujo), no comprar cosas innecesarias ni visitar grandes almacenes ni tiendas de ropa para pasar el tiempo y gastar. Mi cómoda mediocridad me hizo minimalista, alegre por las cosas simples de la vida, agradecida con el paso de los días y conforme con las condiciones de la vida. Mi cómoda mediocridad hizo que abandonara las listas y propósitos de año nuevo y me dedique a observar y estar presente en las actividades y milagros cotidianos. 

Desde aquí, mi escritorio y mi feliz zona de confort doy bienvenida al 2025.  

¿Qué sigue? Pues continuar agradeciendo la vida, ejerciendo el conformismo a ojos de la sociedad de consumo, desafiando la tiranía de la perfección y gozando el día a día. Esta es mi cómoda mediocridad. 


  

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