37
Hoy cumplo 37 años. Si me pongo generosa y aplico el redondeo ya puedo decir que estoy pisando los 40. A decir verdad, muchas cosas no son como las imaginaba y está bien. Recuerdo cuando era niña y escuchaba a los adultos citar su edad de treintaytantos y pensaba que después de las tres décadas el mundo estaba completo. Es más, había un juego muy popular entre las niñas en el que hacían un plan de vida con una edad para casarse, los hijos que tendrían y -de manera bastante macabra- se predecía la edad de muerte. Casi todas anotaban que toda la vida iba a suceder antes de llegar a los 30. Claro, cuando una tiene 8 o 9 años el tiempo en larga duración se ve demasiado cercano.
Conforme pasó el tiempo y con el ansia de vivir todo al mismo tiempo creí que el tiempo se agotaba y en mi adolescencia y tiernos veinte quería hacer todo, ver todo y ganarle a la experiencia. Tal vez por eso me involucré sentimentalmente con hombres que casi me dobablan la edad: yo en el ansia de adelantar etapas y ellos en la inmadurez de permancer en la juventud pasada. Pero la vida y el tiempo pone las cosas en su lugar y poco a poco las cosas se acomodaron y, aunque tardé en apreciarlo, veo que el presente es el mejor momento, porque es el único momento.
Hoy me siento bien, contenta y satisfecha de esta posible mitad del camino. He renegado de algunas situaciones pero últimamente he pensado que la vida ha sido muy sabia y me ha dado lo que necesito y no lo que quiero. Si soy justa y humilde debo admitir que la vida, además, ha sido muy generosa conmigo.
Muchas veces he dicho que (creo) no hay ego en mi corazón. Con toda seguridad me equivoco. Lo que sí puedo afirmar es que en mi corazón solo hay gratitud: de las cosas que tengo y también de las que me han sido negadas. Lo digo sinceramente, si tengo una palabra para definir cómo me siento sería agradecida. Y en esta profunda gratitud encuentro una enorme dicha de abrazar y aceptar la realidad. Me dejo apapachar por la vida, por el presente y por las aceptación radical de la realidad.
Así pues, sean bienvenidos los treinta y siete y los años que vengan.

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