¿Somos únicos?

Get down, get down, little Henry Lee
and stay all night with me
you won't find a girl in this damn world
that will compare with me
-Nick Cave


La última vez que me rompieron el corazón fue por teléfono. Él llamó para decir que ya no habría relación porque otra Cinthya ocuparía mi lugar. Sentí un profundo enojo porque una semana antes él pronunció esas dos palabras que en cinco letras significan lo más sublime y a la vez se sueltan tan a la ligera: te amo.

Uno no deja de amar en una semana. O tal vez sí. Por si las dudas yo no uso en mi léxico sentimental la frase te amo (aunque claro que amo de maneras que ni siquiera yo sabía que podría amar).

En aquel momento tuve muchísimo enojo e impotencia porque yo creía que una relación amorosa debería terminar como empieza: con el corazón en la mano y el cuerpo presente, no por una llamada que ni siquiera terminó con un adiós sino con una discusión que concluyó con él colgando de manera abrupta. Los días siguientes los navegué en enojo y despecho. ¿Otra Cinthya? Sí, había otra que no solo ocuparía mi lugar sino que también tenía mi nombre. Esa otra Cinthya no era yo.

No guardo muchos recuerdos de esos días, solo llanto, fotos, ideas para juntar dinero e ir a reclamarle y pedirle al menos un último abrazo. Creo que sí rogué por SMS. Fueron días convulsos en los que manejé un corazón roto de la peor manera posible: por comparación. Ella no era yo. ¿Es ella más que yo? canta Yuri, pero mi estrategia para pasar esa ruptura fue cambiar la letra y anteponerme a mí como única, especial, diferente. Con todo y un orgullo sacado de la manga pasé los siguientes meses y años regresando al perfil de la nueva Cinthya para asegurarme por qué yo -la Cinthya original- era mejor. Porque mi ego herido se protegió con un discurso de superioridad en todos los aspectos.

Vivir de comparaciones fue el peor ejercicio que pude realizar. La comparación como herramienta de protección y alimento al ego es uno de los venenos que me mantuvo paralizada durante décadas. El mundo occidental nos enseña que la comparación es la medida de las cosas, pero la comparación no siempre es la realidad.

Bajo el sesgo del ego podemos irnos a dos extremos de la balanza: ya sea la soberbia de quien se compara para sacar provecho de los aparentes defectos del otro, o bien la miseria de quien busca alimentarse de la desdicha propia. He pasado por ambos lugares y ninguno ofrece una visión certera y en ellos solamente se cosecha sufrimiento.

El día de hoy Facebook me desbloqueó ese recuerdo; de cuando después de algunos años de esa ruptura por teléfono volví a ver a A. Ya éramos dos casi adultos y el encuentro se dio casi como la primera vez: él en escenario y yo con mis libros, que hasta la fecha son mi lugar seguro. Fuimos a cenar en grupo. La risa, la amabilidad y la conversación fueron buenas aunque en el fondo la piel seguía buscando un lugar cercano al otro. Sentarme junto a él como antes, figurar como la pareja que fuimos en un contacto implícito y la familiaridad de siempre, ser como antes: la novia ejemplar. Esa fue mi despedida. El ciclo que esa noche debía terminar como la primera Cinthya, la única, la que en mi mente no debió ser rechazada en una llamada de celular.

Se dio la hora del cierre del restaurante y salió el plan para continuar la fiesta, A. pidió un momento a solas y me sugirió continuar la noche, como antes, como todos esos viajes, como esa primera noche en la que me enamoré del chico que ya existía pero que también yo inventé.

Antaño pude haberlo seguido al fin del mundo. Si en ese momento fuera la primera Cinthya no me importaría la existencia de esa otra Cinthya que aguardaba su regreso. Pero yo era yo y no podía ocupar un lugar que ya estaba lleno, aunque fuera por una noche.

No hubo disculpas, no hubo una excusa para la ruptura y las llamadas ingoradas. Solo una mirada llena de todo eso que alguna vez fuimos y mi última petición: un largo abrazo con el cual pudiera sentirme pequeña, rodeada por completo de su piel y su aliento. Estuvimos así un buen rato, toqué sus manos que tanto me gustaban y finalmente las solté, como también solté a la Cinthya que al final no era ni mejor ni peor que yo. Esa Cinthya que es única, como también lo soy yo.

Pocas veces recuerdo a A., creo que sigue con Cinthya. No lo sé. Lo que sí sé es que A. nunca encontrará a alguien como yo, y está bien y qué bueno que sea así. Somos únicos en una medida individual y propia, sin necesidad de comparaciones.


PJ Harvey and Nick Cave


Comentarios

Aldo Escobedo ha dicho que…
No sabía que seguías utilizando el blogger, éstos espacios son más cómodos para expresar este tipo de cosas sin la fisgonería del facebook..gran escrito, y toda la razón, hallarle sentido a ese tipo de situaciones es complicado, y más en nuestros 20s, creo que hasta ésta etapa es cuando las asimilamos y pensamos en mejores opciones para manejarlas. Saludos Cintechka.
Cy Barrón ha dicho que…
¡Muchas gracias por pasar a leer! Estoy retomando la escritura personal y el blog :) Como mencionas, FB es un sitio con muchas distracciones y no se presta para una lectura y chisme largo jeje...

Y sí, hay cosas que con los años se van acomodando y podemos ver con una mejor perspectiva. Tampoco es para lamentarse, al final actuamos con las herramientas que teníamos a la mano.

Saludos, Aldechko :D

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