Adela Fernández, escritora
Conocí el nombre de Adela
Fernández hace un par de años gracias a Ediciones Laberinto. En aquel entonces
no puse gran atención a su obra, aunque sí me pareció curioso que esta
editorial tuviera entre su catálogo a una escritora que a grandes rasgos se
reseñaba como literatura fantástica. Por esos años comenzaba a darse
empuje al reconocimiento de escritoras mexicanas que publicaron fuera del canon
y cuya obra se encontraba dispersa y en algunos casos completamente fuera de
circulación editorial.
Como
mencioné, en aquel momento no presté atención a su obra y solo la leí
mencionada en un par de sitios dedicados a la escritura de mujeres en la
ciencia ficción y fantasía. No es de extrañar que históricamente en el medio
literario se dé más peso a lo escrito por hombres, sin embargo, gracias a las
comunidades lectoras y al boca-a-boca (¿o tendría que decir post-to-post?) es que ya reconocemos y
nombramos escritoras latinoamericanas del siglo XX cuya obra no tuvo el
suficiente eco y difusión.
Tal
es el caso de Adela Fernández, una escritora mexicana nacida en la década de
los cuarenta que muy joven vivió la separación materna y quedó a cargo de su
padre que la educó envuelta en una exigencia propia de la época: hija que
debería ser sumisa, entregada, perfecta. En esta soledad infantil y con la
llegada de la adolescencia, Adela imaginaba el mundo y la literatura vino a
ella como una forma de escape de la casa paterna de la cual huyó a los 16 años
llevándose consigo una máquina de escribir y una enciclopedia.
A
partir de ese momento Adela comenzó una
vida itinerante, buscando la forma de sustentar la huida y la ruptura de la
casa paterna, rodeándose del beatnik y del surrealismo de la época (en sus
cuentos se nota la influencia de la estética de Leonora Carrington y las
figuras imaginarias de Remedios Varo, ésta última muy cercana a la vida de
Adela, de quien en alguna entrevista menciona haber estado enamorada).
Pese
a la fama que Adela pudo haber reclamado por nacimiento, decidió publicar sus
libros en editoriales independientes cuyos tirajes fueron pequeños y que
circularon en grupos que guardaron su inventiva como un objeto raro donde lo
grotesco, lo cínico y lo fantástico se daban cita en cuentos cortos, que en
apenas unas cuantas páginas crean universos, plantean perfiles psicológicos
complejos y tienen el giro de tuerca que evoca a lo extraño.
Leer
a Adela Fernández en 2024 es un gran hallazgo que me hace pensar en todas
aquellas escritoras que nos hemos perdido ya no solo por desconocimiento, sino
porque ellas mismas tal vez no reconocieron desde un inicio el poder y el valor
de su obra. Adela murió en 2003 y apenas en 2023 Fondo de Cultura Económica
publicó en un solo volumen los Cuentos reunidos, donde se encuentran “Duermevelas”
y “Vago espinazo de la noche” en cuyos universos leemos historias tal vez
imposibles pero que reflejan las inquietudes que Adela Fernández tuvo acerca de
la mitología, la huida, la familia, las paternidades, la crianza, lo onírico,
lo místico y lo grotesco.
Adela Fernández fue escritora, estuvo involucrada de cerca en el movimiento indigenista, fue periodista, hizo cine y teatro, escribió cuento e hizo investigaciones sobre el arte culinario mexicano. Abrió las puertas de su casa para contar la historia familiar y para compartir lo mexicano. Adela Fernández fue una artista, fue escritora y remarco la palabra escritora para reconocer su trayectoria y obra y aclarar que Adela fue más que solo la hija de Emilio "El Indio" Fernández.

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