Segundas oportunidades


Escribo esto a minutos de haber consultado los resultados del proceso de admisión a la universidad: fui aceptada al próximo ciclo de Licenciatura en Educación y Tecnologías del Aprendizaje. Me siento sumamente entusiasmada por haber sido aceptada pero me siento mucho más agradecida conmigo por darme la oportunidad de salir de mi zona de confort y romper con una etiqueta que me impuse hace más de 10 años.

Y es que el tema de los juicios y etiquetas es tal vez lo que nos tiene más frustrados. Lo digo en primera persona porque durante años viví con el veneno de la inconformidad por no cumplir con las expectativas que determinadas etiquetas nos imponen: si estudié una licencitaura viene el camino al éxito. Si además estudié una licencitura en humanidades lo que sigue es el camino académico. Si no logras una tesis, un posgrado y un cubículo universitario fracasaste como egresado de "una de las carreras más selectas de la universidad". Lo veo en retrospectiva y pienso en todo el daño que nos hicieron los investigadores y el daño que nos hicimos creyendo que solo hay un tiempo y un camino.

Pero el mundo real es otra cosa. El mundo real no siempre se puede sostener de becas y sueños. El mundo real requiere atención y cuidados tanto propios como para terceros. En el mundo real hay alegrías, tristezas, enfermedad, deudas, viajes, relaciones, amistades que van y vienen, tardes de películas, desamor, risas, incertidumbre... el mundo real no son títulos académicos. Y el mundo real también requiere personas útiles para que la vida siga su curso. Esto lo aprendí recientemente y con ello hice las paces con un historial de frustración profesional por no ejercer una carrera que, siendo sincera, no tenía interés en estudiar desde un principio. 

No sé cómo sería mi vida si hubiera tomado otro camino y ya no quiero especular al respecto. Lo que tengo ahora es lo que necesito y doy gracias por ello. Ahora mi camino ya no lo define mi interés, sino la utilidad que le puedo dar al mundo. Y desde que cambié esta perspectiva poco a poco las etiquetas y las frustraciones han ido cediendo.

Con toda humildad y sinceridad vuelvo a comenzar desde cero para disfrutar del paseo y el proceso. Y comienzo una licencitaura no desde un interés intelectual sino como una plataforma para adquirir las herramientas para serle
útil al universo, a la vida y la comunidad.

Y qué dicha, la verdad. 




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