Queti...mporta


Hace un par de años ganó tendencia la expresión "Amiga date cuenta" para señalar cuando una amiga, mujer, conocida estaba atravesando por algún tipo de violencia, especialmente cuando se trataba de una relación amorosa. Hay una canción de Sailor Fag que resume la esencia del Amiga date cuenta, de cuando una mujer llora por algo/alguien que no vale tanto la pena ni el sufrimiento.

Creo que todos hemos estado en ese punto en el que no nos dábamos cuenta de algo que no estaba bien, o tal vez sí pero dentro de nuestro corazón creíamos que las cosas podían ser diferentes. Una vez le pregunté a mi mamá por qué no me señaló que las relaciones con hombres mayores no eran sanas y me contestó "No te lo dije porque no me ibas a hacer caso". Y sí, aunque en el fondo sabía que no estaba bien ahí estaba yo, empeñada en hacer de emociones adolescentes a hombres en la treintena. 

Aunque el Amiga date cuenta tiene un origen noble y sincero de ver a nuestras amigas en mejores condiciones no deja de ser también una posición vertical en la que por alguna superioridad moral creemos que podemos ordenar la vida de los demás. Hace tiempo caí en cuenta de ello, justo cuando supe de la situación de una muy querida amiga y por un par de días no podía dar crédito a sus decisiones. Entonces twittée:

Somos buenos para el chisme y para ordenar el mundo de acuerdo a nuestro parecer, Twitter es tal vez el museo de las opiniones personales más ferreas e inflexibles. Todos tenemos algo que decir, algo que defender y sobre todo algo que imponer. 

De un tiempo para acá he puesto en marcha el sano y difícil ejercicio de observar mis pensamientos. Especialmente los juicios hacia los demás. Pema Chodron propone preguntarnos ¿Importa? Eso que creemos superlativo para ver a los demás ¿importa? Mi opinión acerca del actuar de los demás ¿realmente importa? 

Según el budismo la raíz del sufrimiento son nuestros apegos y aversiones; en mis incontables juicios diarios detecté un enorme apego a tener la razón y una gran aversión al actuar de los demás. Entonces comencé a poner como freno decirme "¡Qué me importa!" cada que aparecía un juicio. Y descubrí que nada de todo aquello que juzgaba era de mi incumbencia. Fue difícil en un inicio pero con los días se ha convertido en un acto amable regañarme por cada juicio. No diré que lo he vencido, pero estoy siendo consciente de ello. Y muchas veces hasta me causa gracia observar que hasta de las cosas más sencillas queremos opinar. Soltar opiniones acerca de lo que me rodea es como ir soltando una enorme carga. Porque qué pesado es ir queriendo cambiar a todos (en mi mente, porque pocas veces pasamos a la acción) si en el fondo no me importa y como sabiamente dijo mi mamá los demás no van a hacer caso. Y al final pues muy su vida ¿no?

Uno de los mejores consejos de vida que me ha dado Raúl, mi compañero y amigo es Elegir mis batallas. Pelearme con el mundo no es una de ellas, ordenar cómo deben vivir los demás tampoco es una de mis batallas. Si nos ponemos en términos de bienestar dejar de criticar es también un ejercicio de autocuidado. Parafraseando a Lodro Rinzler: más vale ser amable a ser correcto. ¿Y qué es lo correcto? solamente un mero juicio. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

De premios, reconocimiento y escritura.

Algo sobre mi desmotivación y el cuatrimestre perdido

37