La voluntad de sentirme bien.
Hoy inicia un verano más. Una vez más esta parte del planeta se acerca al sol y eso significa calor, humedad, días largos y mañanas brillantes. Para mí es un año diferente, bueno, para todos lo es: podríamos considerarnos sobrevivientes a una pandemia, a una de las tantas crisis económicas y en general a un 2020 que a todos nos cambió el panorama. Aunque seguimos aprendiendo a llevar las nuevas circunstancias me gusta pensar de manera optimista y ver que poco a poco nos acercamos al final de esta crisis sanitaria.
Por mi parte llego a esta vuelta al sol con una mente y un espíritu diferentes. El 2020 cambió mi brújula y ahora me descubro con hábitos y visiones nuevas de la vida. Claro que las preocupaciones siguen, incluso en las últimas semanas he atravesado por una serie de episodios de ansiedad que me han hecho replantear varias de mis prioridades. Y ahí, entre pensamientos y sentires apareció de nuevo la escritura como una manera de poner en la justa dimensión mi pasado y mi presente. No puedo decir nada del futuro porque si algo he aprendido es que todo plan y futuro es una especulación sujeta a la impermanencia. Lo que sí puedo es reconocerme y reencontrarme a través de lo que leo, escribo, observo y suelto. Y también de lo que decido. Por eso este verano he tomado la decisión de sentirme bien. Lo tomo como reto y desafío: ver a los ojos a la incertidumbre sin temor ni pesimismo; disfrutar de los momentos dichosos y las maravillas cotidianas que son muchas y variadas; si he de llorar hacerlo sabiendo que así como llega la tristeza también se va; saber que nada hay de vergonzoso ni indigno en pedir ayuda ni verme vulnerable; reconocer mis aciertos y fortalezas de la misma manera que asumir todos mis errores y defectos. Porque todo ello es parte del paquete de saber y ser una persona.
Lo he estado pensando en los últimos días y decidí compartir mi camino por este medio. Siempre he pensado que escribir en este blog es lanzar un mensaje en una botella al mar de internet. No sé si llegue a un destinatario, incluso debo reconocer que dejé de escribir porque creí que todo texto era un naufragio pero ahora parte de mi decisión y voluntad es (d)escribirme para (re)contarme todo lo que pienso y siento. Y qué mejor momento que comenzar con el verano.
Comienza el viaje. Gracias por acompañarme.
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