Aprender a soltar
El año pasado dejé varios compromisos de escritura y creación de contenido. Tuve un debate interno por varios días antes de anunciar mi decisión a los medios que me daban un espacio en sus publicaciones y horarios. Se trataba de un par de colaboraciones que disfrutaba mucho hacer en un inicio pero con el tiempo fueron apretando mi horario y mi atención.
En su momento me dolió mucho hacerlo, incluso mi novio me preguntó cómo me sentía por haber dejado de colaborar en radio y en prensa. Como había pasado muy poco tiempo cuando me lo preguntó -una semana- le respondí que no sabía muy bien como definirlo, porque además era el periodo de vacaciones decembrinas por lo que era una temporada en la que por lo regular no escribía.
Ahora puedo decir cómo me siento. O mejor dicho, ahora puedo hablar con un poco más de perspectiva al respecto.
¿Por qué me costó tanto soltar estos proyectos? Bueno, les tenía mucho cariño. En mi columna aprendí escribir más o menos claro, también me dio disciplina y en ella aprendí con ensayo y error a exponer mis ideas. Los guiones para radio son un proyecto que tenía en mente desde hace años y, aunque Tomando Notas duró apenas unos meses, me dio la oportunidad de abrirle un espacio a la música académica en la radio local. Yo aprendí mucho de música escuchando radio y esa fue una oportunidad de regresarle a la radio un poco del bagaje musical que me ha dado.
Sin embargo detrás de estos proyectos había otra cosa, algo que me di cuenta cuando consideré por primera vez dejarlos: estaba mi ego de por medio. Por eso me costó tanto tomar la decisión.
En un inicio pensé que sería como faltar a un contrato implícito de confianza (porque nunca hubo remuneración) con las personas que me abrieron las puertas, por eso decidí esperar unos días para hacerlo "oficial" luego supe que realmente no era faltar a la confianza lo que me pesaba, era soltar ese ego de "autora" que había crecido en mi interior. Cuando vi que ese ego y soberbia me obligaban a continuar fue más sencillo darle rumbo a todo. Y así fue como en una semana hablé primero conmigo misma, escribí mi última columna para el periódico, hablé con el director de radio y lloré con mi productora. En general, todo ese día lloré física e internamente. Porque soltaba mi ego y porque le decía adiós a los elementos que nutrían esa soberbia intelectual que me estaba haciendo mucho daño física y emocionalmente.
Ahora a un mes de haber dicho adiós a todo eso puedo decir que me siento bien. Fue una buena decisión. Poco a poco sigo soltando cosas. Y no es fácil, pero si la maleta va cada vez más ligera la felicidad se vuelve sencilla de alcanzar.

Comentarios