Lo más vital, no más.
La segunda mitad de noviembre se caracteriza por un fin de semana feriado a propósito de la conmemoración de la Revolución Mexicana, mismo fin de semana que desde hace un par de años las tiendas aprovechan para lanzar ofertas y promociones bajo el nombre de BuenFin. Tanto ha sido el impacto de consumo que para muchos la razón original de este “puente” pasa a segundo término comparado con las ofertas que se pueden encontrar en tiendas y sitios de internet.
Por esas fechas la pregunta
casi obligada es ¿qué te vas a comprar este BuenFin? Porque para muchos es como
una navidad anticipada en la que se puede comprar a capricho con la ventaja de los
meses sin intereses y las ofertas que nos hacen caer en la tentación, porque si
algo es bueno en exceso debe ser mejor.
Este año me sorprendí
preguntándome ¿qué me voy a comprar? Y después de analizar mi propia lista de
deseos llegué a la conclusión que basta con tener lo esencial. En esta época
encontramos muchas cosas útiles en las tiendas pero ojo, que útil no
siempre es sinónimo de necesario.
Si el siglo XX se
caracterizó por ser el siglo de las patentes y por ser el siglo del consumo y
el capitalismo en su máxima expresión veo que el siglo XXI trae una contraparte
que va hacia el minimalismo tanto tecnológico como filosófico. Los ciclos van
sucediendo, así como se pasó del barroco donde todo era exageración
y ornamento al neoclásico donde se buscaba lo sobrio y funcional, así veo esta
transición del siglo XX al siglo XXI. No es de extrañar que el auge del orden
de Marie Kondo y el minimalismo contraste por completo con la mentalidad de
consumo que le tocó vivir a nuestros padres. Ahora se apuesta por un menos es
más.
Si algo he aprendido en los
últimos años es que la felicidad no está en tener mucho, sino lo suficiente.
Como cantaba jocosamente el oso Baloo en la película de Disney “El libro de la
selva” se trata de buscar lo más vital, lo esencial para vivir sin batallar.
Quizá para curar la ansiedad de la vida adulta debamos volver a la lírica
infantil, a lo simple, a lo necesario y justo.
Me alegra ser parte de esta
transición de milenio y ver los cambios tecnológicos y filosóficos que
conllevan. En este punto de mi vida me alegra no tener esa urgencia de consumo
porque el minimalismo me hace más sentido que la acumulación. Y también me
alegra que muchos se apunten a este cambio de pensamiento: a buscar lo esencial
para un equilibrio personal y con el planeta.

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