Relecturas: After Dark de Haruki Murakami


Una maestra de la universidad nos decía que para comprender un texto se debía leer al menos tres veces. La primera para saber de qué se trata, la segunda para localizar las ideas principales y la tercera para que realizáramos un ejercicio de dialéctica con el mismo. La verdad pocas veces hice las tres lecturas porque entre tantos textos, reportes y ensayos no me alcanzaba el tiempo. Si la materia realmente me gustaba o el autor en turno tenía buena pluma releía el texto con gusto, si no me limitaba a sacar la tarea y seguir con otras cosas.

Este año me propuse releer a Haruki Murakami por razones personales y turísticas, además siempre es bueno regresar a los libros que a uno lo impresionaron en algún momento de su vida. Comencé con “After dark”, novela que leí hace casi diez años y que en aquel entonces me gustó bastante. En esta segunda vuelta ya no me pareció tan buena como la primera vez. Lo curioso es que las razones por las que ya no me pareció tan buena son precisamente por las que me encantó en la primera lectura.

Cada libro tiene una historia además de la trama que narra y debo confesar que le tengo un especial cariño a mis libros de Haruki Murakami porque la mayoría los adquirí en diferentes viajes. “After dark” me llegó en una feria de libro en San Luis Potosí, andaba con un ex y era el último ejemplar que quedaba en el stand. Ese mismo día comencé a leerlo y, como todo lo que llegaba a mis manos de Murakami, lo terminé en apenas unos cuantos días. La novela es corta tanto en temporalidad como en número de páginas: se desarrolla en una noche y los capítulos van numerados según la hora de la madrugada. El autor nos posiciona en diferentes lugares, con personajes que al cabo de las horas se van relacionando. Como en casi todos los libros de Murakami hay elementos sobrenaturales que añaden un toque de fantasía, en este caso desde la función ‘cámara’ somos testigos de lo que sucede en una habitación con una chica que duerme profundamente y que al paso de las páginas es raptada por ‘algo/alguien’ que vive en un televisor. Hay otros personajes que se relacionan poco a poco con las acciones que suceden a lo largo de la noche: una prostituta china, un informático, un trombonista estudiante de leyes, una joven que no quiere pasar la noche en su casa, un love-ho (motel) y sus empleadas.

Cuando leí “After dark” por primera vez me pareció muy atractiva la manera en que el autor nos sitúa en diferentes lugares, me gustó mucho conocer casi en tiempo simultáneo las acciones de los personajes que aparentemente no tendrían por qué cruzarse pero que la noche hace que coincidan. Sin embargo en esta segunda lectura hubo cosas que ya no me parecieron tan bien logradas. Por ejemplo, la chica que duerme y es “raptada” ahora me parece que sale sobrando. Quizá si Murakami no nos tratara como imbéciles al explicarnos que tenemos que verlo desde una cámara porque es nuestra herramienta de stalkeo no me hubiera irritado tanto. No sé si su intención era darle un toque cinematográfico a esa parte del relato, si quiso cruzar la cuarta dimensión como en los cómics pero llega un punto que fastidia. Al principio uno capta la idea, luego se cansa de que lo reiteren una y otra y otra vez y al final es algo que pudo no haber estado en la novela y no afecta en nada al desarrollo de la misma.

La otra cosa que la primera vez no observé fue lo chocante del manejo de la polifonía de los personajes secundarios. Y yo que creía que tenía problemas para elaborar diálogos, bueno, Murakami me dice que es un problema de todos. O quizá si lo veo de manera optimista resulta que hasta a los más eruditos se les complica y de todas formas toman la vía “fácil” y poco estilosa para poner a hablar a más de tres personas y que parezca diálogos de pastorela. Ojo, lo digo por la forma, no por el fondo.

Lo que sí disfruté de esta segunda vuelta fue que además de buscar lugares en Japón seguí atentamente el soundtrack de la novela. Qué chulada. Como en todas las novelas de mi autor japonés del momento, la música es muy importante para el desarrollo de la trama. No solo es adorno, a mi gusto es un discurso aparte que también es importante leer/escuchar. Incluso el título de la novela es una pieza de Curtis Fuller. Por eso es que al seguir el soundtrack de After dark siento que el autor me quedó a deber en acción o algo que estuviera a la altura de la música que acompaña la trama. Pero bueno, es Murakami y ya sabemos que habrá gatos y explicaciones profundas de hechos sin aparente trascendencia que definen a sus personajes.

Pese a todo lo anterior me sigue gustando la novela y la seguiría recomendando porque me parece entretenida y tiene un par de fragmentos como para tomar foto y subir a Instagram. Definitivamente no es lo mejor de Murakami pero como libro introductorio a su obra me parece bien.
Y pues con “After dark” reinicio mis lecturas del 2018. El lunes pasado comencé “Una librería en Berlín” de Françoise Frenkel que calculo terminar para el fin de semana. Si el tiempo es generoso estaré escribiendo mi impresión del libro y comenzaré otro Murakami para seguir con el ciclo autores nipones traducidos al español.


Comentarios

Entradas populares de este blog

De premios, reconocimiento y escritura.

Algo sobre mi desmotivación y el cuatrimestre perdido

37