Por fin, vacaciones.
Decidí comenzar mis vacaciones haciendo algo que me gusta y
que me cuesta darme el suficiente tiempo para hacer: escribir en este blog.
Desde la última vez que escribí hasta ahora han pasado dos meses. Las cosas
siguen más o menos igual que antes, salvo que ya no salgo a correr con la misma
regularidad. Ahora salgo a andar en bicicleta en rutas más largas de lo que acostumbro,
ya en su momento escribiré de lo mucho que me ha dado la bici en el último año.
Siento raro decir que tengo vacaciones, para los que me
conocen saben que paso más tiempo en el trabajo que en mi casa. No lo considero
una adicción al trabajo, sino una costumbre.
Estas vacaciones llegan un poco tarde, porque cuando
realmente las necesitaba fue en noviembre-diciembre del año pasado en el que tuve
un colapso mental muy duro, producto de un conflicto laboral que empezó en
agosto y que derivó en poco más de un mes de trabajar doble turno sin días de
descanso. En otra ocasión les contaré mi triste historia y de cómo ser
embajadora del feminismo me trajo un problema laboral en el que me podía quedar
sin trabajo.
Sin embargo el reto de los 10 k de los últimos meses del año
pasado me alivianó para enfocar el cansancio en otra cosa que no fuera el
estrés. Durante estos primeros meses he acomodado mejor mis días, musicalmente
hablando tengo una nueva oportunidad de desarrollo y en lo que respecta a mis
columnas de opinión para medios ahora mi Axolotl no solo se lee sino también se
escucha en radio. Me he propuesto escribir mi primera novela este año y he
tratado de ser puntual con mis entregas de columna.
Por todo lo anterior estas vacaciones me llegan como una
pausa poner en orden varias cosas. Entre ellas mi cuarto, mis actividades y mis
archivos. Y claro, descansar. Pretendo darle vida al blog y rescatar los seis
años que tengo escribiendo columna porque es una lástima que todos mis desvelos
y correcciones tengan vigencia de una semana.
Oficialmente estoy de vacaciones, la vida breve a veces
también se da una pausa.

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