Correr no es fácil


A lo largo de mi vida me he apuntado a diferentes deportes, algunos que presumen rudeza, otros que demandan mucha fuerza y otros que requieren cien por ciento de concentración y reflejos. Como dije en otro post, ya había empezado a correr desde hace tiempo pero como complemento/calentamiento y no como una disciplina con una meta establecida. Si bien antes disfrutaba correr ahora lo siento y lo vivo de una manera diferente. No puedo decir si ha sido mejor pero al menos ahora lo hago más consciente.

Ahora bien, en estas semanas de entrenamiento autodidacta he aprendido que correr no es tan fácil como se ve. Y no es una cuestión física, sino una disciplina mental y de paciencia para pasar largos ratos en la pista o en la calle, trotando solo con tus pensamientos. No hay adversario, no hay espejos, no hay profe que te esté corrigiendo. Nada, nadie. Solo tú, tus pensamientos y el gps que te recuerda en qué kilómetro vas. Más que cansancio físico es el tedio que puede provocar pasar más de una hora en la inercia del cuerpo que corre. A diferencia de los rounds de tres minutos en los que se va con todo, correr es calcular tiempo, energía, distancia, dificultades de terreno y preparar la mente a estar conviviendo con sus pensamientos durante más de una hora.

Lo anterior puede ser bueno para los que tienen una capacidad de concentración y buenos pensamientos, de hecho he leído algunos textos que comparan correr con meditar, el asunto es que yo me desconcentro facilmente. Pasados los cuarenta minutos ya voy pensando en qué voy a hacer al siguiente día, lo que cené hace dos semanas, la serie que quiero ver, los libros que me faltan por leer, el meme que se me olvidó guardar y después de un rato me fastidio… No sé si a los que tienen tiempo en este fino arte de correr les pase lo mismo o si es que alcanzaron el nivel Zen de concentración fitness. El problema de perder la concentración, al menos para mí, es que me aburro con mayor facilidad y acto seguido llega el cansancio, entonces aparece la pregunta ¿para qué seguir corriendo? Es fácil sabotearse a uno mismo cuando está aburrido y cansado. Mantener la motivación del inicio no siempre es posible y llega “el muro” y francamente ya no quiero seguir. Sin embargo tengo un compromiso conmigo misma y es lo que me empuja a terminar mi distancia (aunque sea a mentadas de madre).

En este punto del reto de los 10k para fin de año me queda claro que correr no es sencillo. Dominar el cuerpo es fácil, hacer que la mente llegue a la meta es lo que cuesta. Por mi parte sigo en lo dicho, qué tanto es tantito, han pasado seis semanas, solo me faltan 2k y seguimos contando.

Comentarios

Entradas populares de este blog

De premios, reconocimiento y escritura.

Algo sobre mi desmotivación y el cuatrimestre perdido

37