Reto Suzuki


Me pasé casi todo el mes pensando en que ya tocaba hacer la lista de lecturas de abril y de pronto resulta que el mes se acabó y no hice mi lista ni seguí el ritmo de lecturas de marzo. A diferencia del mes pasado en abril le bajé a los libros porque me puse a leer partituras. Aunque sea material diferente al fin de cuentas se trata de un ejercicio similar: la lectura. 
Todo sucedió porque hace unas semanas encontré un blog con todos los libros del Método Suzuki para cello y violín. Este método es uno de los más populares para iniciar en algún instrumento porque tiene piezas muy fáciles que ayudan a los que van empezando a conocer los aspectos básicos de la técnica con melodías sencillas, el problema es que si no se cuenta con un buen maestro también es fácil caer en vicios técnicos que con el tiempo es difícil corregir. Cuando estuve en violín llegué al libro 3 con mediano éxito porque empecé a tocar cello y dejé el violín de lado. Lo curioso es que con el cello no toqué el Suzuki porque empecé con el método Dotzauer y a comparación del violín mi progreso fue mucho mejor.
Cuando encontré los métodos del Suzuki pensé why not? Los descargue y me la he pasado leyendo las partituras con el audio, tocando algunas piezas y repensando la música desde la guía Suzuki. Debo admitirlo, había desdeñado este método porque me parecía que se enfocaba más en crear niños-que-tocaran a niños que supieran qué y cómo estaban tocando. Como instrumentista soy muy ñoña y prefería pasar horas de aburridos estudios de técnica y escalas que me hagan consciente de lo que estoy haciendo que jugar a ser virtuosa con piezas muy difíciles pero  mal tocadas. Y ese es el problema del método Suzuki si no se tiene un buen maestro y si al instrumentista le entra el ego de yo-ya-se-tocar-chingón.
Como cellista no profesional me preocupé por hacer las cosas lo mejor posible, aprender cuál era la mejor vía para resolver pasajes, técnica, postura, afinación, fraseo… Lo he dicho en muchas ocasiones, talento no tengo pero mi terquedad por aprender me llevó a tomar clases con diferentes maestros del país, viajar para estar en orquestas que exigieran mayor nivel del que yo contaba, leer, ver por horas videos de cellistas. Cuando vi la película Tous les matins du monde me traumé y empecé a levantarme en la madrugada para estudiar escalas, en la tarde a tocar la pieza en turno y estudiar la música de orquesta y antes de dormir practicar los eternos estudios del Dotzauer.
Después de varias temporadas de conciertos, giras, viajes, veranos, encuentros y desencuentros poco a poco fui dejando de tocar. Empecé a tener un trabajo fijo, el tedio de la vida diaria fue desplazando las ganas de estudiar cello y mi actividad musical se redujo a tocar un par de sonatas de memoria y de vez en cuando sacar las partituras de los encuentros de orquesta, ponerme los audífonos y tocar las obras orquestales pensando que estoy de nuevo en las salas de concierto.
Ahora que encontré el Suzuki me he entretenido mucho con las piezas. Aunque me parece un salto cuántico de técnica e interpretación del libro 4 al 5 y ni se diga el 9 y 10 creo que pueden ser un buen reto. Y precisamente he estado pensando en eso, en hacer el reto método Suzuki. Tengo más herramientas técnicas en cello –que pienso poner a prueba- pero me gusta tocar violín como recuerdo de mi primer acercamiento con la música y bueno, a mi edad y mis condiciones ya poco me importa tener una técnica impecable por lo que también quiero ver hasta donde llego con el violín.

Quizá más adelante comparta mis progresos en video y quién sabe, puede que me convierta en una youtuber famosa jeje… Por lo pronto espero hacer la selección de los libros de mayo en estos días y escribir sobre un par de lecturas que hice en abril y me gustaron mucho. En lo que sucede eso dejo un reto similar a encuentra al panda, pero en este caso es encuentre a su cellista favorita… El video es del 2009 en el Centro Nacional de las Artes en CDMX, en los años en que la música era todo para mi.


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