Por qué no escribo

He dejado de escribir en este blog por muchas razones, la principal es que me parece muy complicado elaborar un discurso escrito que me haga sentir conforme. Y no sólo me sucede con este blog, también me sucede con mi columna en el periódico la cual admito que se publica con menor regularidad ahora que cuando inicié con el Axolotl. No es que ya no tenga ganas de escribir o que las ideas se hayan agotado porque basta con observar lo que sucede a mi alrededor para tener un tema. No creo en las musas ni en la inspiración aunque es cierto que hay días en que las ideas corren con mayor fluidez. En mi caso estoy bloqueada.

He estado buscando la razón por la que un buen día el simple hecho de elaborar una oración me pareció tan complicado como recitar los números del uno al cien en japonés. De todas las causas que saltan a la vistas tres son las que creo determinantes para que cada vez me aleje más y más de elaborar un documento escrito:

1.- El peso de una tesis trunca. ¿Por qué no hice la tesis? ¿Por qué? ¡¿Por qué?! Bueno, para eso tengo muchas justificantes, excusas que podrían ser inválidas para aquel que dice “si te lo propones, lo logras”. Francamente no tengo una respuesta concreta de por qué no hice la tesis, porque las ganas las tuve –o las tengo, no sé- sin embargo cada que entraba en materia de investigación algo no hacía click y me perdía. La última vez que abandoné la tesis fue por motivos personales pero también porque no encontraba nada qué decir sobre mi tema. Entonces la hoja en blanco empezó a parecerme un mar en el que empezaba a navegar pero que al paso de dos párrafos naufragaba. El hecho de tener muchas ideas, muchos datos pero no tener una oración concreta me frustró. Abandoné la tesis y por ende la voluntad de dedicarme a la investigación. Tuvo mucho que ver mi falta de dedicación y, paradójicamente, mi gusto por la literatura.

2.- La lectura. En este punto puedo sonar pretenciosa y quizá sí lo sea, o quizá sólo soy muy ñoña. El asunto es que me gusta mucho leer y en los últimos años he leído mucho. Básicamente me la paso rodeada de libros las veinticuatro horas del día, me dedico a hablar de libros, reseñarlos y recomendarlos. Un libro para cada cosa y cada caso. Ahora leo mucho más que cuando estaba en la universidad, he conocido autores y he probado géneros que antes no me llamaban la atención. He estado leyendo a los pesos pesados de la literatura contemporánea y eso me ha llenado de inseguridades. Así es señores, como cuando leo a John Steinbeck o Jack London y digo ¿qué hago yo escribiendo? Simplemente no me siento capaz de formular una sola línea que esté a la altura. Tampoco se trata de hacerles sombra, no, eso jamás. Pero uno lee a los grandes y pues… vaya, no es fácil asumir tu rol de grano de arena en un mar de letras. O cuando quiero escribir mi columna y recuerdo al gran William Faulkner o el trabajo de periodismo cultural de Juan García Ponce y no encuentro lugar, no hay una frase que me haga sentir merecedora de decir que escribo.

3.- Escribir bien. Soy una persona que sabe leer y escribir, pero el plasmar palabras en un papel o en una pantalla a escribir bien es muy diferente. Hace un par de semanas tomé un curso de redacción de textos académicos, muy bueno por cierto. Escribir bien significa pensar, estructurar, dominar el arte de la claridad. En el curso nos dieron las pautas generales para escribir un artículo lo mejor posible. Intenté –intento- apegarme a las normas que nos dieron y me parece aún más complicado que al principio. Vivir en la anarquía mental y literaria a todos nos viene muy bien pero empezar a poner las cosas en orden no es fácil. Por otro lado me bloquea el pensar que con la misma vara con la que critico los textos de otros, con esa vara van a ser criticados los míos.

¿Qué hacer ante todo esto? Lo he pensado mucho y recuerdo uno de los consejos que más he escuchado en las talleres de creación literaria a los que he asistido: ‘La mejor manera de aprender a escribir es escribiendo’. Así sin más. Y eso es lo que pienso hacer. Vengo a re-inaugurar este olvidado blog que nació precisamente de la inquietud por escribir, no sé qué tanto éxito pueda tener un blogspot en los tiempos de twitter y sus 140 caracteres pero yo quiero superar mi miedo a escribir escribiendo lo que me pasa, lo que pienso, lo que siento y lo que me interesa.

Así que bienvenida yo, bienvenidos ustedes porque aquí es cuando empiezo (de nuevo) a hacer mis pensamientos de dominio público.

Girl writing, Harold Knight, 1931.

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