¿Por qué leo...?

Leo para postergar. Así de simple. Desde mi última revisión de tesis hace dos semanas no he tenido absolutamente nada de ganas de volver al proyecto y en cambio me he dedicado a leer libros. Muchos libros. Quizá disfrace mi temporal apatía con libros para no sentirme tan culpable como si estuviera viendo películas o series de TV. ¿Por qué mi desencanto con la tesis? Pues bueno, resulta que tengo que traducir lo que escribo a lenguaje académico, o sea, palabras domingueras con rebuscada retórica y cuya lectura sea lejana al lector promedio. Todo en lo que estoy en desacuerdo de como escriben los historiadores y ahora me toca entrar al ruedo de la gente -en palabras de Rodrigo González- 'sabia y docta'. El día que se me pidió que hiciera eso regresé a casa y repasé a algunos autores que son fundamentales para mi trabajo y me encontré con que efectivamente su lenguaje es muy abstracto, poco comprensible a un lector que no esté familiarizado con leer trabajos historiográficos. Sé que la Historia, así con mayúscula no es literatura pero ¿qué no nos han enseñado que es hermana de la filosofía y, precisamente, la literatura? Por eso me resisto a volver a trabajar,  al menos por el momento en la tesis. Por eso me he estado refugiando en los libros que se supone que no debo imitar porque no son académicos, son ficción escrita para mortales que están muy lejos de tocar el Olimpo de las vacas sagradas de la Historia...


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