Por cosas de la vida tengo todo lo que va del mes sin ir a clases de yoga, aún así procuro hacer una rutina en casa aunque sea de 20 minutos diarios y si les soy sincera al menos para mi sí hay un antes y un después de que me pongo como pretzel todos los días jeje... A lo que voy es que el instructor nos aconsejaba que cuando uno estuviera muy estresado o tenso podíamos ponernos 'de cabeza' (sarvangasana ó sirsasana) y con eso ayudábamos a que nuestra sangre (o energía como quieran verlo) circulara mejor. Y así de metafórico es el asunto: ¿y si ponemos de cabeza nuestro mundo para que las cosas fluyan dejando de lado lo que suponemos 'está bien'? ¿y si todo eso que creemos que es lo mejor resulta que es lo nos bloquea de SER y de vivir en el sentido pleno de la palabra? ¿y si dejamos los prejuicios de lado y asumimos con humildad lo que queremos y lo que somos sin pretensiones ni altos estándares autoimpuestos? Ser, hacer y fluir... como dice la rola de Cerati.
Compromiso, boda y matrimonio.
Si hago memoria nunca creí en el matrimonio como una posibilidad de vida. He escuchado a muchas personas que dicen que sí soñaban con casarse desde pequeñas pero para mí ese sueño nunca fue una tierra prometida. Con los años y gracias a la industria del matrimonio llegué a visualizar ciertos escenarios pero nunca fueron como tal una aspiración real. Si a eso le añado mi descubrimiento del feminismo radical y la crítica al amor romántico, el resultado fue una negación rotunda a los patrones establecidos por el patriarcado hacia las mujeres cuyos lugares comunes son el matrimonio y la maternidad. Sin embargo, tengo dos años comprometida. Puedo contar el día de mi compromiso como una de esas historias que pueden sonar inverosímiles: un día sin planes fijos en Japón, un destino inesperado -Kobe- un día lluvioso como solo el verano insular puede serlo y una tienda de novias. Los detalles de ese día son tan mágicos que cuando los recuerdo siento que lo vivido fue un sueño. No fue un día norm...
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Saludos Cy.