Le Hérisson

Existen pequeñas cosas que me ponen de buen humor, entre ellas ver/leer libros para niños, escuchar chansons, comprar tenis, comer crepas de zarzamora y queso filadelfia, sentarme en alguna plaza pública en las tardes de otoño, caminar descalza sobre hojas secas, viajar, ir a librerías de usado, ver ropa vintage en los tianguis de segunda mano, leer una buena novela en edición de bolsillo, los chocolates Costanzo en forma de conejito, que me den regalos inesperados, usar botitas con forma de empanadas (UGG), el sonido del clarinete, dormir (literalmente dormir) juntito a la persona que quiero, ir al cine... y muchas, muchas otras cosas más.

Lo digo porque por la tarde fui a la escuela a una sola clase de dos horas y resultó que la maestra titular de la materia no asistió. Ese tipo de cosas me molestan: el ir hasta la escuela a básicamente pasearme porque los maestros no van. Me senté un rato en la plaza principal de la escuela, estaba atardeciendo y aunque el sol nos regalaba las últimas horas de su resplandor un otoñal viento envolvía en un fresco abrazo a los que traíamos los brazos descubiertos. Sola en una banca pensaba en los últimos años que he pasado en esa escuela, en los últimos días que había pasado viajando entre mi ciudad, el norte y el centro de México y el frustrado viaje a Guanajuato para ver a una de mis bandas favoritas: Arcade Fire. Quién diría, hacia apenas unas horas que estaba arribando a la ciudad únicamente a asistir a una materia para que la maestra en cuestión no fuera a dar clases. Había interrumpido mi estancia en la tierra prometida para regresar a Vicku, había 'sacrificado' ir a un concierto que tanto me había emocionado e ilusionado asistir para al final terminar sentada en una banca. Ni modo, c'est la vie!... lo que me consolaba en ese momento es que al menos la tarde estaba linda y que Arcade Fire eventualmente volverá dado que es una de esas buenas bandas emergentes que seguramente tendrán más giras y más conciertos y yo podré (ahora si) estar en uno de ellos.

Al cabo de un rato llegaron por mi para trasladarme a mi siguiente clase la cual tampoco tuve. El asunto fue que al llegar vi un recado en la puerta anunciando que se cancelaba la clase de mi horario porque era el inicio del 14 Tour de Cine Francés y que por ende todos andarían en el cine. Cine... uhm, ¡cine! apenas unos días antes había ido al cine en otra ciudad y me había quedado con ganas de palomitas acarameladas ya que en Cinemex no las preparan. Rápidamente llamé para que fueran por mi y al subirme al coche pedí que me llevaran a Cinepolis a comprar palomitas con caramelo para saciar mi antojo vespertino. Al llegar al cine vi a mi maestra y me explicó que debí pasar a la escuela por mis boletos para la premiere del tour pero como yo apenas iba llegando a la ciudad no me había dado por enterada del asunto. Afortunadamente allí mismo tenían los pases y aunque no tuve clase todo se compensó con una buena película y una dotación grande de palomitas con caramelo. Así ni como quejarme, el anochecer se me alegró con una peli que me hizo pensar en mi misma en el pasado y en el posible futuro, con una música hermosa, animaciones que complementaban la historia entre la imaginación y la melancolía, un libreto bellamente adaptado y profundo, con un final trágico mas no triste... en fin, una buena película que a cualquiera pone de buen humor. Al menos a cualquiera como yo, que gusta de esos pequeños deleites cinéfilos que ennoblecen las tardes y anocheceres.

Hoy arrancó el Tour de Cine Francés en el el cual habrá pelis y cortometrajes que no me puedo perder, entre ellas Coco e Igor (peli que he esperado desde el año pasado) de las cuales ya te hablaré luego.


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