Elogio de la lectura
Me gusta leer. Lo digo honestamente y sin pretensiones, me gusta leer como también me gusta escuchar música o comer trolelotes cuando hace frío. No tengo una razón específica por la que me guste leer, me gusta porque lo encuentro agradable y porque desde pequeña me ha sido una actividad amena y bastante accesible. Lo digo porque generalmente cuando se piensa o se habla de lectura normalmente salen a relucir apologías donde se sacan mil y un cualidades y virtudes de la lectura y los lectores. Yo francamente no voy con ese discurso de colgarle milagros a los que leen solo por el hecho de estar letrados. No niego que la lectura da una amplia gama de posibilidades de imaginación y pensamiento a los individuos, pero también habrá que tener en cuenta que hay muchos que aún sin saber leer poseen una riqueza de virtudes y valores que nada envidian a las personas de letras (como algunos grupos indígenas, que aún sin que sus integrantes sepan leer o simplemente hablar español poseen una riqueza cultural enorme).
Las cifras dicen que México no lee, que la gran mayoría de los mexicanos no les apetecen los libros y que ven todo lo relacionado con estos últimos como algo aburrido y aislado. En lo cuantitativo las cifras son tristes, en lo cualitativo el panorama es desalentador porque el problema no radica en que el mexicano no lea, el problema también radica en qué lee el mexicano. En los tirajes mas amplios y mejor comprados se encuentran las revistas y publicaciones de corte amarillista donde los encabezados normalmente están plagados de sangre, violencia y/o chichonas y nalgonas que prometen traer en sus páginas morbo, chismes de farándula, doble sentido y sexo.
Ante tal problemática los sistemas e instancias de educación han tomado cartas en el asunto y han creado programas de fomento de lectura en las escuelas cuyo desempeño y éxito se ha visto medianamente exitoso. Digo ‘medianamente exitoso’ porque al final de cuentas son los profesores –si, los mismos que salieron reprobados en los exámenes ENLACE y que son responsables de educar el futuro de México | | los encargados de emprender la misión de hacer que los alumnos lean y, si el mismo profesor no es precisamente una persona que guste de leer, el programa de fomento de lectura tiene ya en si un problema grave de operación.
Ahora bien, existe la otra cara de la moneda, es decir, los que si leen y que como decía el buen Rockdrigo González en su canción sátira a los intelectuales: ‘se la pasaban leyendo para ser sabios y doctos pues no querían seguir siendo vulgares tipos autóctonos’. O sea aquellos que por leer creen poseer el conocimiento suficiente como para sentirse por encima y condenar a todo aquel que no ‘sepa cosas’. Entonces se da que algunos de estos personajes (que yo llamo sabios de pueblo) también se proclaman escritores, porque el asumirse como simple lector ya no está para sus estándares de sapiencia y así nos encontramos con una avanzada de personajes que se dicen ya sea historiadores, escritores o poetas o las tres cosas juntas que en ínfulas de impresionar a la gente se llenan de todos los títulos intelectualoides y rebuscados que encuentren.
Pero México necesita más lectores que sabios de pueblo, los libros necesitan personas que los lean, las personas necesitan leer… todo se trata de un círculo de necesidades que por alguna razón no se satisface y que aunque es una problemática añeja poco se ha tomado en cuenta por solucionar. Sin embargo permanezco optimista, quizá en algún momento el mexicano sienta la necesidad de tomar un libro y leer. Quizá con el tiempo de sobra que los norteños tenemos en casa por el pujante e implícito ‘toque de queda’ que se ha dado producto de la inseguridad y los rumores de violencia acerque a las personas a la lectura. Quizá con la futura llegada de la televisión digital la gente vea que es mas barato adquirir un libro que una pantalla, quizá algún día la gente se de cuenta que el placer de la lectura no es solo para sabios y doctos, sino una actividad y hasta placer natural que no está de más regalarnos. Y ¿por qué no? ver también que la lectura no solo fomenta la imaginación, sino también la razón, el pensamiento y la acción. |
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