Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió: Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras -si; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:
-¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!
Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:
-Miren! ¡Es un loco!
Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité:
-¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!
Así fue que me convertí en un loco.
Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser. Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.
Si hago memoria nunca creí en el matrimonio como una posibilidad de vida. He escuchado a muchas personas que dicen que sí soñaban con casarse desde pequeñas pero para mí ese sueño nunca fue una tierra prometida. Con los años y gracias a la industria del matrimonio llegué a visualizar ciertos escenarios pero nunca fueron como tal una aspiración real. Si a eso le añado mi descubrimiento del feminismo radical y la crítica al amor romántico, el resultado fue una negación rotunda a los patrones establecidos por el patriarcado hacia las mujeres cuyos lugares comunes son el matrimonio y la maternidad. Sin embargo, tengo dos años comprometida. Puedo contar el día de mi compromiso como una de esas historias que pueden sonar inverosímiles: un día sin planes fijos en Japón, un destino inesperado -Kobe- un día lluvioso como solo el verano insular puede serlo y una tienda de novias. Los detalles de ese día son tan mágicos que cuando los recuerdo siento que lo vivido fue un sueño. No fue un día norm...
Durante las últimas semanas he visto muchos comentarios acerca de los premios y becas literarias en el país. Hoy se anunció el premio Nobel de literatura y, como cada año, los nombres y las nominaciones fueron más fuertes y generaron más expectativa que el mismo premiado. Desde que dejé de usar con regularidad X (twitter) poco me entero de los pormenores de los chismes literarios y la información que leo por lo general ya tiene días de haber estado en tendencia y generado la conversación, a veces necesaria, en torno a un tema. Aunque esto me hace sentir que llego tarde a todo creo que, por otro lado, me da cierta perspectiva de lo que sucede y de los reclamos, dimes y diretes que, por lo general, se olvidan en una semana. Como artista, siempre creí que un premio sería el evento canónico que daría sentido a una carrera. Participar y perder es ya canónico, por eso creí que ganar sería un logro mayúsculo. Y tal vez lo sea en algunos casos, pero cuando me tocó a mí creo que pasé m...
Jugueteo con el teclado y comienzo una oración, intento que sea coherente con el tema que estoy redactando: un reporte de lectura sobre educación. El tema ya lo he leído muchas veces, puedo disertar en mi mente sobre el mismo y explicarlo y proporcionar ejemplos en un soliloquio que resuena en mi cabeza y en mis conversaciones. Puedo hablar de ello, puedo leer, puedo explicarlo e incluso tengo ya la escaleta de trabajo pero me da una pereza enorme escribir un sencillo reporte de lectura. No lo oculto: todo este 2025 he atravesado por un periodo de desmotivación académica que me llevó a reprobar casi todas las materias del pasado cuatrimestre y tal parece que la historia se repetirá otra vez. Desmotivación, falta de interés, aburrimiento, valemadrismo. Supongo que en toda vida universitaria se atraviesa por este tipo de baches que en mi caso ya se convirtió en una trinchera. Hace un par de meses una compañera me dijo un poco para consolarme que para estos casos existe C...
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