Lluvia, música, imaginación y Vivaldi

Esto iba en el Axolotl Blues de hoy que por razones vacacionales no se imprimió. Aún así no me quedo con las ganas de publicarlo al menos por este medio .

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Según el pronóstico meteorológico llueve en casi todo México, como vimos a inicios de mes las tormentas y el exceso de lluvias y aguas causó estragos en el noreste de este país. Aún la lluvia representa un serio peligro para los municipios, ríos y colonias en los que todavía no bajan las inundaciones, para estos lugares que llueva no es precisamente uno de los mejores augurios.

Pero parte del verano es la lluvia, verano no son solo vacaciones, calor, niños jugando en las calles y madres desesperadas viendo donde mandan a sus chamacos a que otros los entretengan ya que las escuelas están cerradas (entiéndase cursos de verano). Verano también son lluvias y tormentas, humedad y posterior reverdecer de la flora. Esto lo sabía muy bien Antonio Vivaldi, compositor italiano que en una de sus obras, quizá la más popular y escuchada, “Las cuatro estaciones” hace un recorrido musical y metafórico sobre cada una de las estaciones que vivía y veía en Venecia.

Este conjunto de obras describe a través de elementos musicales lo que sucede en cada estación, lo que pasa en la naturaleza, en las costumbres de la vida campesina e incluso el actuar de las personas según cada fenómeno natural en la estación descrita. Y la estación que corresponde al verano describe varias de las cosas que sucedían en los paisajes estivales italianos: desde el calor sofocante que muy bien conocemos los victorenses, el viento que comúnmente es antesala a una tormenta, pajarillos que se esconden entre los árboles y el pastor que se agazapa en algún lugar para guarecerse de la lluvia. La tormenta se proyecta en un solo de violín agitado, la orquesta que también le sigue en una serie de movimientos bruscos en ritmo y agitación, las notas rápidas evocan el caer del agua precipitada, fría, fuerte.

Evidentemente para escuchar esta obra (y en general la música) se necesita imaginación, no sólo se trata de comprar un disco de música clásica para sentirse erudito, o para lograr conciliar el sueño en esas noches insomnes en las que la música clásica (en este particular caso y uso de somnífero) inunda la habitación de quien no puede entregarse a los brazos de morfeo como la naturaleza manda. La música, como todo arte, también requiere imaginación tanto para crearla, ejecutarla o apreciarla y en ese sentido a mi parecer Vivaldi no solo da una guía sonora para evocar una estación o la naturaleza, sino que da toda una pauta para el uso de la imaginación como vehículo de apreciación del arte, en este caso de la música.

Pero Vivaldi también se preocupó por aquellos que necesitaban una guía más para entender de qué se trataba lo que había creado. En la época que la obra fue escrita y estrenada (principios del siglo XVIII) ésta se publicó con una serie de sonetos como explicaciones acerca de lo que sucedía en cada pasaje musical, esto era para darle realce a la música ya que en la época que los grandes compositores se quebraban la cabeza en crear la armonía clásica que ahora el estudiante de música tiene que conocer, la música y en general los músicos estaban en el escalafón más bajo de las artes. Así podemos encontrar al músico en una categoría semejante al panadero, o al artesano de la época. Y al final de cuentas ¿qué un músico no es sino un artesano del sonido? Pues para la época que vivió Vivaldi (y muchos otros grandes de la música como Johann Sebastian Bach) el músico era como parte de los siervos de la corte o la iglesia y que incluso cualquier persona podía contratar para que tocara en sus fiestas o misas como si contratara un servicio más para amenizar sus eventos (cualquier parecido a la realidad de los grupos musicales actuales no es mera coincidencia, es continuidad de una costumbre añejísima donde quien contrata no toma la música como una forma de arte para contemplación, sino como mero elemento ornamental y decorativo para su fiesta).

Pero volviendo Vivaldi, el motivo por el que éste puso los sonetos que acompañaban a cada una de las Cuatro Estaciones fue no solo para explicar su obra, sino también para elevarla de categoría ya que en esa época la literatura se encontraba en uno de los escalafones más altos del arte, de esta manera podía compensar una cosa con otra. Estos sonetos se anticiparon, de una manera u otra, a lo que ahora conocemos como ‘notas al programa’ (el folleto que dan en los conciertos de música clásica donde además de anunciar el programa que la orquesta tocará, también da una breve explicación de la música a ejecutarse en el concierto).

Los discos de música clásica que se comercializan de manera masiva en las tiendas de autoservicio y en especial Las Cuatro Estaciones de Vivaldi no cuentan precisamente con una guía de audición que explique de qué se trata lo que hemos comprado y que vamos a escuchar (o usar de somnífero en caso desesperado de insomnio) por lo que no está de más indagar en internet sobre lo que escucharemos. O bien, usar esa útil, eficaz, gratuita y grata herramienta llamada imaginación para escuchar y apreciar la música, en especial en estos días en que las lluvias de verano y las vacaciones nos mantienen en casa.


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