Retorno a las realidades ridículas.

Bueno, bueno... ya casi voy aterrizando de nuevo a Victoria de mis calores (y ahora de mis lluvias), con un montón de cosas por hacer entre la chamba, la orquesta, la escuela (tarea que no disfruto nadita hacer) y así...

De momento mi cuarto es un lugar donde convergen copias de libros, libros, partituras, los cellos, la viola, envolturas de dulces, pelis, cajitas de pastillas, morrales, collares y pulseras... Esta tarde debo escribir un monólogo sobre Nietzsche (donde debo hablar como él) para presentarlo mañana en clase. Antes de hacer eso quiero poner orden en este lugar, y ver si de esa manera puedo poner orden en mi mente y congraciarme un poco con la filosofía de este ñor víctima de sus propias circunstancias.

El cello me espera apacible, recostado junto a la cama; 'el libro de los amores ridículos' de Kundera apadrina mis madrugadas desde hace un par de días y cuando camino por las (ahora) grises calles de vicku en mi iPod suena el soundtrack de 'voy a explotar' (síiii traumadísima con la peli la fui a ver varias veces al cine! -una de ellas muy especial-). En este momento quiero comer algo así como una galleta de subway con una malteada de fresa, o bien una bebida dulce que sea color azul...

Mientras tanto veré la lluvia por la ventana, leeré el cielo reflejado en los charcos de lluvia y esperaré a que pasen los días tocando cuerdas y sonidos que se pierdan en el aire...


"El hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido." Milan Kundera. El libro de los Amores Ridículos.


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