Mi breve historia de lectora (parte I)


Hace rato mi madre me preguntó por qué me gustaba tanto leer, yo le respondí ‘porque me gusta’ y ella me volvió a preguntar ‘¿por qué te gusta?’ Yo la neta ya después no encontré una respuesta realmente concreta para su pregunta, digo, pude haber salido con cualquier argumento cursi de esos que dicen ‘porque te lleva a lugares inimaginados’, ‘porque quiero saber más’, ‘porque es bonito’ o algo así… la neta la lectura la inicié muy chica, aunque mi gusto por los libros viene desde antes que supiera leer. Tengo una foto de cuando tenía algo así como dos o tres años donde estoy en chones con un libro en las piernas. El libro todavía lo tengo y es de murales, allí vienen los de Diego Rivera, Siqueiros, Miguel Ángel y uno que otro detalle de Goya. El libro tiene rayaduras propias de los chamacos que ‘jugaron’ con él (o sea, mi hermano y yo).

El primer libro que leí en mi vida fue la Biblia (ya señalé en entradas anteriores cómo fue que aprendí a leer) y de allí todo lo que llegaba a mis manos. Incluso recuerdo que hurgaba en la basura ajena para tomar los periódicos, sobre todo El Norte, que traía suplementos culturales y a veces la sección De Viaje, donde describía distintos destinos turísticos destacando sus cualidades y poniendo fotos acá todas espectaculares. Quizá resulte absurdo eso para algún chaval de esta época porque nomás le teclea a Google cualquier ciudad y le aparece desde la info, fotos hasta la vista satelital; pero en mis tiempos internet era cosa que venía en las páginas de Muy interesante como cosas acá todas de vanguardia y que te costaba creer. En mis tiempos de infancia si querías saber algo tenías que ir a la enciclopedia, porque tampoco era muy común la tele por cable. De hecho, me gustaba y aún sigo conservando los tomos de la Enciclopedia de la Mujer que mi madre leyó en su juventú y que en mi infancia me mostró Versalles, los primeros cuadros que me encantarían de Goya, las reseñas de los autores que después leería, cómo se cocina un pato hasta cómo depilarse con cera. Porque nótese, que la mentada Enciclopedia de la Mujer era algo así como el tumbaburros de la mujer de los setenta que quería sublevarse de la opresión masculina y en sus doce tomos hace una revisión de todo lo que una mujer de mundo debía saber: desde los derechos de la mujer del entonces, la historia universal, literatura, moda, maquillaje, cocina y hasta formas de educar a los hijos. Y pues esos libros fueron mis compañeros en las tardes en las que mi amá no me dejaba salir a jugar con otros niños, ni jugar con muñecas. Mi papá sí me regalaba una que otra barbie de vez en cuando, aunque a mi mamá no le gustara para nada la idea.

De mi infancia también recuerdo que me gustaba ir a la casa de mi abuela porque su esposo por ser biólogo tiene muchos libros que hablan de la naturaleza, de química, de física, y de cosas que en la primaria no me daban. Me acuerdo que en uno de sus libros vi a un señor barbón con cara de San Charbel que se decía llamar Carlos Darwin. Tuve la intuición de que ése señor era alguien importante, luego leí lo que decía de él aunque primero vi los dibujitos de unos changos que paulatinamente se iban incorporando hasta ponerse de pie completamente y parecerse mucho a cavernícolas, de unos pajaritos que se parecían mucho entre ellos pero que el pico lo tenían diferente y así… Eso, para una escuincla de entre 10 u 11 años pues era entretenido, luego leer sobre todo eso de la ‘evolución’ y no entenderlo muy bien pues era una cosa que cambió totalmente todo lo que pensaba hasta ese momento. También me acuerdo que en la casa de mi abuela había revistas de Muy interesante que la neta poco leía porque no entendía mucho de esa palabreja que tanto mencionaban allí: tecnología. Veía las computadoras, los robots y ps si se me hacía entre aburrido e inverosímil porque no esperaba que eso sucediera. Además eso de las computadoras se veía demasiado sofisticado, muy alejado de mi realidad. Quién iba pensar que años después estaría yo misma pasando horas y horas diarias frente a uno de esos aparatejos que yo no creía fuera a usar.

Por su parte, en mi casa a mi papá le dio por darme libros que editó Time de biología, de genética, de astronomía… obvio que todos esos libros eran de divulgación científica y le dieron respuesta a muchas de las inquietudes ya sembradas en mi cabecita. Por ejemplo, gracias al libro de genética supe por qué es que si mi papá tiene los ojos color amielados y mi abuela y bisabuela verdes yo salí con ojo negro (en muchas ocasiones pensé que era adoptada o que me habían recogido de la basura por eso). Quizá la respuesta que me dio el libro en su momento es ahora ya obsoleta porque la ciencia ha avanzado a pasos agigantados los últimos años. También me acuerdo de una serie de libros de Mickey Mouse y compañía que traían experimentos muy sencillos de física y que poco a poco te metían la idea de que tú, niño, podías ser un científico. Quién sabe dónde habrán quedado esos libros, neta que me encantaría volver a tenerlos.

No sólo yo leía en esta casa, déjame decirte que mi hermana en su adolescencia era muy fan de Mel Gibson que en esos años era todo un cuero (para ella) de edad madura que hacía películas de acción a cada rato. Por lo tanto era muy dada a comprar revistas de cine, que cuando ella no se daba cuenta yo tomaba y leía. En una revista de esas aparecía el nombre de Luis Buñuel y hacía una descripción de sus películas y traía otra palabreja: surrealismo. Junto al texto traía fotos en blanco y negro, algunas muy locas como las de Un perro Andaluz otras como de película viejita como Ensayo de un crimen o Los olvidados. Ése nombre, Luis Buñuel se me quedó grabado quién saber por qué y más me quedaron esas ganas por saber qué era surrealismo. Como ya dije, ahora es bien fácil saber qué quiere decir eso, la magia de internet no sólo te da la definición sino miles de explicaciones sobre qué es en unas cuántas décimas de segundo. Cuando yo era una chavala pues a quedarte con la duda porque acá en la casa no había libro que me explicara aquello. Tiempito después en la tele vería un programa del cual fui fan en mi infancia: México Siglo XX. Allí decían quién era Luis Buñuel y más o menos qué era eso de surrealismo.

Mis aventuras con la lectura en la infancia fueron muy chidas ahora que lo veo en retrospectiva. En el tiempo que ocurrió pues la neta yo ni en cuenta de qué onda con eso, simplemente lo hacía y ya, era algo que salía solito y que yo recuerde no me aburría. Mi mamá me dice que era muy bueno para ella porque no se preocupaba por mi, ya sabía que estaba quieta en algún lugar de la casa leyendo cualquier cosa que se me atravesara. Desde los libros de la escuela de mis hermanos, hasta el periódico que sería echado a la basura.

Si me preguntas ahora por qué me gusta leer, no sé qué te puedo contestar, simplemente leo porque es lo que he hecho desde chica, porque es algo rico que se hace en solitario (y no precisamente masturbarse), porque me agrada tener un libro en las manos y ps… leo porque me gusta leer, así de simple. Aclaro, el que me guste no significa que sepa mucho de libros, al contrario… sé que tengo mucho por leer y mucho por aprender.



*Mi paseo por la lectura y los libros a lo largo de mi existencia no ha sido así todo pleno y lleno de alegrías, en próximas entradas les seguiré dando el relato de mi vida lectora/bibliofila.

Comentarios

Mística espiral ha dicho que…
hey, suena interesante la enciclopedia de la mujer, ojalá pudiera encontrarla.
Acerca de la historia, nos damos cuenta como el internet vino a revolucionar todo, ahora es raro que de pura casualidad un niño agarre un libro, y si lo agarra es un diccionario...tengo miedo de las generaciones futuras que estén totalmente perdidas en la red, porque así como hay información más es la cantidad de desinformación, mientras que los enseña que el leer es algo aburrido si todo puede ser tan rápido.
Muy interesante tu narración, saludos.
Anónimo ha dicho que…
Eres hermosa... lo sabias??

Fue enternecedor leer tu bellísima reseña...

Pillaré...

Si, sueno hiper-cursi... y ke pex?

Bex


Kik
Becky Rancia ha dicho que…
Hola amiwi, ando de paso, me gusto tu reseña de tu vida como lectora, la vdd es ke son muy pocas las personas ke desde niños se les inculca leer. Yo leia a fuerzas cuando era niña, mi mamá me enseño a leer a los 3 años y me ponia a leerle en voz alta para ver e tanto avanzaba jaja, por ke mis papás son muy lectores y se traumaron al enseñarme tan niña pero como sea, no me gustaba leer por ke preferia ver los muppets baby.Cuando mi mamá vio ke me descarriaba, me compro entonces cuentos, de oscar wilde ke tenian dibujos.La cosa es ke si me gustaba leer mis cuentos y escribir en mi diario ke olia a fresas, lo ke sabia de cultura era por ke soy muy preguntona y siempre interrogaba a mis papás, ademas de ke viviendo en guanajuato uno tiene mucho ke preguntar jajaja. Con ese libro de cuentos de oscar wilde, dibuje por primera vez al Principe Feliz y asi nacieron mis ganas de ser pintora o dibujante de disney, todo gracias a un libro.

Nos vemos amiwi, a ver si me paso pas seguido a tu blog eske ya tenia chorros de no poner nada en el mio jejeje...se cuida amiwi, abrazos

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