Hace años, cuando era adolescente leí "El silencio de Dios" de Juan José Arreola y ese texto marcó por completo mi visión desde entonces. La idea de dejar una carta sobre la mesa para que Dios la lea me pareció un acto de desahogo y catarsis con el universo. Más o menos en ese tenor es que cuando apareció fotolog hice una página donde además de subir imágenes hacía de ese lugar un confesionario, una pizarra electrónica y del dominio público de todo aquello que pensaba, sentía y deseaba. A veces esperaba que ciertas personas me leyeran, a veces sólo eran gritos al vacío para descargar mi interior. No sé si el manifestar mi lado subjetivo en un espacio como éste, ya sea fotolog o blog (el primer espacio cerrado hace años y el segundo espacio que pocas personas visitan) tenga alguna utilidad en este momento...
Solo puedo decir que he perdido la brújula que daba orientación a mi existencia, brújula que aún cuando la tenía daba indicaciones a múltiples puntos; quizá era caótico ...
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