Todo final es un nuevo principio.
Hay cosas a las cuales nos aferramos y no queremos dejar por muchas razones: amor, dependencia, terquedad, necedad o auténtica necesidad. El 'problema' es cuando esas cosas que no quieres dejar te dejan a ti. Entonces uno 'sufre' y trata de encontrar autoconsuelo destacando los 'beneficios' que la separación involuntaria traerá consigo, aunque en el fondo todos estos argumentos salgan sobrando y uno se siga sintiendo desposeído. ¿Qué queda? Practicar el viejo, vergonzoso y pujante hábito del optimismo, que pese a que nos caiga tan mal no nos queda mas que resignarnos porque esta es la única vía de 'consuelo' momentáneo: 'las cosas después de todo tienen que ir bien'. No queda mas que la introspección, la reflexión sobre los desaciertos y la valoración realista de lo que ha pasado. No soy víctima pero tampoco todo ha sido mi culpa. Ni hablar... hay que afrontar esas pequeñas cosas que nos duelen y nos dan tristezas momentáneas para crecer y sí, au...